viernes, 14 de agosto de 2026

Los sentimientos en la experiencia de Dios



¿Se puede prescindir del sentimiento para la experiencia de Dios?

 

        El ser humano no puede vivir sin sentimientos, a no ser por alguna causa patológica. El hombre se le ha definido como espíritu unido a los sentimientos. Sin embargo la experiencia de Dios ¿Debe o no prescindir del sentimiento?. En la mitología griega los dioses creado por el hombre comparten sentimientos. El Dios de Israel es un Dios celoso, pero en el sentido de que quiere del hombre adoración exclusiva. Orígenes comenta que los autores cristianos escribieron de Dios a veces antropomorfizando sus acciones con el hombre. Para los griegos su Dios carece de pasiones y la imitación de los humanos lleva a la impasibilidad, la apatheia, sobre todo los estoicos. Filón de Alejandría afirma que la vida perfecta que aparece en la Biblia sigue la apatheia. Los primeros ascetas cristianos indican que la impasibilidad es un ideal ascético para combatir a los demonios. En esa época aplican la apatheia a Dios, como un estado de paz interior contra el pecado. Cristo glorioso resucitado llegó a ser impasible, el hombre participa de esa perfección tras la resurrección. La impasibilidad en el hombre mortal es una pregustación de la incorruptibilidad futura. Clemente de Alejandría propone la apatheia como ideal ascético, relacionándolo con la gnosis cristiana y la caridad.

        Conforme avanza el tiempo se define la impasibilidad como contrario a la naturaleza del hombre dando una definición más exacta del término. El hombre por su sensibilidad natural sufre, otra cosa es la supresión de la parte irascible y la concupiscible. S.Pablo comenta la alegría que siente por los sufrimientos que padece para completar lo que falta a la pasión de Cristo. Isaac el Sirio indica que la apatheia no es no sentir las pasiones, sino que permite no acoger las pasiones. Lo que indica la Biblia con el término “fuego devorador” es la apatheia, pero como unión entre impasibilidad y caridad. Es intentar restaurar la imagen de Dios en nosotros.

        Por lo tanto creo que el sentimiento “equilibrado” es esencial para la experiencia de Dios en el hombre, no así el sentimentalismo. Aunque los ideales ascéticos hablan de un “fuga mundi”, la caridad es lo que mantiene el equilibrio de la ausencia de pasiones y sentimientos. Dios quiere al hombre tal y como es pero siendo dueño sus emociones como elemento perfectivo. La ausencia de sentimientos en la experiencia de Dios convierte al hombre en un ser inanimado, sin contacto con la realidad que nos llega a través de los sentidos y de los sentimientos. Dios demuestra amor sobre el género humano y sin sentimientos no se puede sentir esa fuerza que nos acerca a la Revelación.



sábado, 1 de agosto de 2026

Un sueño que me contó mi amigo Juan


 

Mi amigo Juan tuvo un sueño en la noche del 28/07/2026 al 29/07/2026. Esto es lo que me contó:

    "Voy con un amigo por una población. Entramos en lo que parecía una iglesia, donde se daba culto a las almas (según me dijo mi acompañante). Era una construcción muy 
antigua mucha gente una zona con cientos de velas en el suelo, gente de rodillas rezando, imposible avanzar.

    Salimos a una plaza y había una fiesta, le dije a mi amigo, en broma: ¡Vamos a la fiesta! y me contestó: ¡Anda, vamos a seguir!. Buscamos una Iglesia donde se iba a celebrar un acto muy importante referido a las almas. Una Iglesia muy antigua sillones muy lujosos individuales, yo me siento al final pero me veo de repente al principio  junto a un altar donde numerosos seminaristas, jóvenes, se afanaban en vestirse para la celebración. En ese momento pienso la suerte que tienen que pueden servir a Dios al 100%, yo no lo había logrado en toda mi vida. Los conocía y ellos me conocían, me sonreían, alguno incluso me llamó por mi nombre. 


    Había unos curas mayores, vestidos para la celebración, como si fueran sus profesores, yo buscaba alguno que conociera, pero no conocía a ninguno. Sacan un cuadro de la Divina Misericordia y estos curas mayores hacen una oración y tocan con el dedo el Corazon de Jesús. Uno de los seminaristas me dice que tiene que hablar conmigo. Yo le digo que ya nos veremos en el Seminario. El me dice que cuando vaya pregunte por Garrido, que así se llama.

    Al finalizar me levanto y veo que las paredes de la iglesia estaban construidas por piedras redondas aunque al acercarme vi que una de ellas era la cabeza de una persona. 
Tenía una cara grotesta, me sonrió y yo lo acaricié."