El Magisterio
Con
el Concilio Vaticano II se vuelve a retomar el sentido de libertad
teologal. Así leemos “La
verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el
hombre. Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia
decisión, para que así busque espontáneamente a su Creador y,
adhiriéndose libremente a Éste, alcance la plena bienaventurada
perfección”
(GS, 17). Este mismo concepto de vaciamiento de la libertad, al no
estar relacionada con Dios, lo vemos en Lumen Gentium, “Este
poder lo comunicó a sus discípulos, para que también ellos queden
constituidos en soberana libertad, y por su abnegación y santa vida
venzan en sí mismos el reino del pecado.”
(LG, 36).
Si
eliminamos la relación con Dios de la libertad, queda ensombrecido
el concepto de dignidad humana, “No
hay ley humana que pueda garantizar la dignidad personal y la
libertad del hombre con la seguridad que comunica el Evangelio de
Cristo, confiado a la Iglesia. El Evangelio anuncia y proclama la
libertad de los hijos de Dios, rechaza todas las esclavitudes, que
derivan en última instancia del pecado”
(GS, 41). El Concilio en Dignitatis
humanae,
hizo una llamada hacia la educación de la libertad, en su sentido
moral, “Por
lo cual, este Concilio Vaticano exhorta a todos, pero principalmente
a aquellos que cuidan de la educación de otros, a que se esmeren en
formar a los hombres de tal forma que, acatando el orden moral,
obedezcan a la autoridad legítima y sean amantes de la genuina
libertad;…”
(DH, 8).
Catecismo de la Iglesia Católica
En
el Catecismo encontramos lo que la doctrina dicta sobre la libertad,
entre los números 1730-1748. Dios creo al hombre con su libertad
para que libremente se adhiriera a Él sin coacción. El hombre tiene
una originalidad dentro de la creación, que le hace ser diferente,
la libertad. Con ella puede alabar la gloria de Dios, fin de la
creación, o puede negarla, a través de sus pecados. Pero la
libertad debe ser orientada por el hombre, en un sentido u otro,
aunque solo tiene perfección la libertad si está orientada a Dios,
(CEC 1731). La libertad se relaciona con responsabilidad, si el
hombre puede elegir entre el bien o el mal, en su uso de la voluntad
crecerá en la perfección o se desviará hacia el pecado. El hombre
vive condicionado, pero no predestinado, tanto por condicionamientos
externos voluntarios como los involuntarios y también por
condicionamientos internos que nos impide lograr la libertad
interior, como la concupiscencia. El uso de la voluntad y la razón
implica que el uso de la libertad conlleva una responsabilidad, que
puede disminuir por causas de ignorancia, temor, hábitos, y otros
factores psíquicos o sociales, (CEC 1735). La ignorancia ha de
entenderse desde la perspectiva moral, Dios conoce el interior de
cada uno de nosotros y conoce el grado de conocimiento e ignorancia y
el grado de culpabilidad que pueda tener en ellas. Dios nos pide
responsabilidad sobre lo que hemos conocido en nuestra conciencia
"como
bien y como mal".
Ante
la esclavitud del pecado, al que el hombre se encadena por el mal,
está la liberación de la justicia y el bien. Con el uso de la
libertad nos relacionamos con los demás y debe ser reconocido como
parte integrante de la propia dignidad humana (CEC 1738). Pero no
significa que la libertad permita decir o hacer cualquier cosa, la
libertad no constituye un “derecho al error”. Dios ve en nuestro
interior la verdad y la mentira. El uso de la libertad en este
sentido, implica conocimiento cierto de que estamos en el error.
Nunca puede esgrimirse la libertad como instrumento de
autosuficiencia, porque entre otras cosas, la autosuficiencia lleva
hacia la esclavitud. Esta esclavitud viene dada en cuanto confundimos
medios por fines, “Estas
situaciones de ceguera y de injusticia gravan la vida moral y colocan
tanto a los fuertes como a los débiles en la tentación de pecar
contra la caridad.”
(CEC 1740).
La
libertad se inserta en la economía de la salvación, estando
debilitada por el pecado original, es fundamental para la salvación
que trajo Cristo con su Cruz. Esta gracia que nos entrega Cristo, no
supone ninguna merma de la libertad, siendo un elemento de
crecimiento, cuando somos capaces de abandonarnos en ella, y que a
través del Espíritu Santo nos eleva hacia Dios. Cristo ha redimido
nuestra libertad, condicionada por el pecado. Para ello Cristo nos
libera a través de su obediencia, conceptos que pueden parecer
excluyentes. Obediencia consciente, libertad, verdad y gracia, son
los elementos que refuerzan la libertad humana. (CEC 1741-1742).
Jesucristo insistía en que “32conoceréis
la verdad, y la verdad os hará libres”.
(Jn 8, 32).
Gracia y libertad
Dios
quiere la salvación para todos, para ello concede la gracia que es
eficaz en aquellos que se salvan, pero en los que no se salvan es por
voluntad propia ya que el hombre en uso de su libertad “puede
contradecir la gracia, si quiere”,
(Concilio de Trento). Ante esta afirmación, la cuestión es de si la
eficacia de la gracia es por si misma o por su consentimiento. En el
s.XVI surgió una controversia sobre este punto entre jesuitas (Luis
de Molina) y dominicos (Domingo Báñez). Para los primeros es
necesaria la voluntad para hacer eficaz la gracia, los segundos
afirmaban que la gracia es eficaz por si misma. Ninguna de las dos
daba una solución satisfactoria, por el misterio que supone que la
gracia, sobrenatural, y la libertad, que pertenece al orden natural,
no son principios homogéneos que actúen en el mismo plano. El papa
Clemente VIII (1594), prohibió a ambas partes calificar de herética
a la otra. Sin embargo, esto no excluye, que la gracia y la libertad
están interrelacionadas. Dios tiene la iniciativa en el hombre a
través de la gracia y la plena libertad del hombre es la que
responde. Por lo tanto la gracia previene y prepara la libertad del
hombre, suscita la libertad, da respuesta a las aspiraciones
profundas de la libertad humana, llamando a su cooperación y la
sana, no la merma. (CEC 2022). Esto nos lleva a la idea del mérito y
su relación con la gracia. La tradición y el magisterio mantienen
el equilibrio entre ambas, siendo la gracia acogida de forma activa
por el hombre, transformando su obras y no destruyendo su naturaleza.
Sus actos responden ante lo sobrenatural de la gracia, con
responsabilidad por estar vinculados a su voluntad libre y que,
además, ante Dios tienen carácter meritorio.
Conclusión
Elementos
clave que se relacionan con la libertad son la gracia y la
justificación. La libertad fundamental y sicológica pertenece a la
propia naturaleza humana. La
libertad, en el sentido cristiano,
la tiene que conseguir el hombre cooperando con Dios y respondiendo a
su gracia. La libertad en el sentido cristiano tiene un fin
escatológico. La gracia es don divino, pero con la libertad, el
hombre está capacitado para acogerla o no rechazarla. La libertad no
está anulada por la presciencia de Dios que tiene en su mente
pasado, presente y futuro; tanto lo sucedido, como lo no sucedido, o
por suceder. Sin embargo el hombre está predestinado desde antes de
la creación del mundo a
su
vocación para la santidad, Dios quiere que
todos los hombres se salven. La gracia prepara y previene la libertad
del hombre, siendo necesaria su cooperación. La justificación tiene
su recorrido
desde la gracia preveniente al mérito, es decir
desde la gracia a las obras. No hay justificación sin obras, no hay
mérito (obras) sin libertad. Con Cristo nuestra libertad debilitada
por el pecado original, es sanada, siendo el bautismo el modo
ordinario de acceder a Su
gracia redentora.
Bibliografía
General
- Toraño López E., Antropología teológica, Guía de
Estudios ISCCRR, Madrid 2019
- Scola
A., Marengo G., Prades J., Antropología teológica, EDICEP
-
Sagrada
Biblia,
web oficial CEE, https://conferenciaepiscopal.es/biblia/
- Documentos Concilio Vaticano
II, web oficial del Vaticano,
http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm
- Catecismo de la Iglesia
Católica, Asociación de Editores del Catecismo
-G.
Lobo, La libertad del hombre,
http://www.es.catholic.net/op/articulos/7185/cat/382/la-libertad-del-hombre.html#modal
Sobre controversia de
auxiliis