El ateísmo contemporáneo es un ateísmo de postulado
teórico-práctico. El ateísmo práctico postula una vida como si
Dios no existiese (Etsi Deus non daretur). El ateísmo teórico
intenta aportar pruebas de su no existencia. Se niega a Dios como
punto de partida y se pretende reafirmar al hombre y al mundo. Sin
embargo el ateísmo no es una actitud originaria, ya que lleva
implícito cierto conocimiento de lo que se niega. Con estas premisas
el ateísmo moderno se puede clasificar en tres grandes grupos:
ateísmo naturalista, ateísmo antropológico y ateísmo ontológico.
El ateísmo
naturalista no admite más realidad que la materia, en sus dos
vertientes: científico, basado en la ciencia positiva; y el
marxista, basado en la autonomía del hombre como ser que se crea a
sí mismo. El ateísmo antropológico considera al hombre como máxima
expresión del ser. Incluye las diferentes corrientes
existencialistas, entendiendo la existencia como experiencia vivida.
Elemento fundamental es la consideración de Dios como oposición a
la libertad humana. El ateísmo ontológico no se pregunta por el
hombre, sino por la realidad como tal. Para ello parten de la
negación de la metafísica que no la consideran ciencia y se aferran
a la ontología que al recoger el sentido profundo del ser, llega al
fondo de cuestiones filosóficas. La idea básica es que por encima
del espíritu humano no existe un Dios soberano.
Los diferentes tipos
de ateísmo tienen unas características comunes: inmediatez, en
cuanto que es punto de partida desde la que se desarrolla toda
actividad social; universalidad, en cuanto que envuelve las masas;
positividad y constructividad, como punto de partida del hombre que
toma posesión de sí mismo, echando fuera de si y de la sociedad
toda conciencia de Dios.