Introducción
Estudiar la Iglesia es estudiar la historia de
nuestra familia en la fe, la de todos los cristianos bautizados.
La
Iglesia es de origen divino, no humano, fue el mismo
Dios quien la planeó y su Hijo Jesucristo la fundó: eligió a sus
apóstoles, los formó en las verdades de la fe, les ordenó celebrar
el memorial de su muerte (Eucaristía) y les dejó el Espíritu Santo
para continuar su obra y dar fortaleza a la misión de los apóstoles.
La Iglesia es la prolongación de la obra
de Cristo que no es otra que lograr la salvación de todos
los hombres, tal y como desea Dios Padre. Al ser de origen divino hay
que mirarla con los ojos de la fe y no con clasificaciones mundanas.
De la Iglesia se dice que es Madre en
cuanto que acoge a todos los bautizados que
somos hermanos de un mismo Padre; nos enseña la doctrina de Cristo
como cualquier madre hace con sus hijos y se enriquece con lo que
aportan sus hijos a ella, su testimonio. Nuestra respuesta debe ser
de obediencia, respeto y amor a ella.
El Espíritu Santo fortalece, ilumina y
guía a la Iglesia para que sea fiel al mensaje de Cristo y
manteniéndola en la unidad, por los sacramentos y a través de la
jerarquía que son los responsables directos de que esto suceda así.
Son los sucesores de los apóstoles a quienes les encomendó
Jesucristo esta misión.
La capacidad de errar de los hombres
explica muchos episodios históricos negativos []:
las herejías, la torpe intromisión de algunos eclesiásticos en
cuestiones o ambiciones temporales (aseglaramiento, afán de poder,
simonía, etc…), así como las vidas poco edificantes de otros.
Estos hechos tristes, recogidos en su historia, no afectan a lo que
es la Iglesia. Es más, ponen de manifiesto que ella es divina
porque, a pesar de sus hombres, su doctrina se ha mantenido durante
veinte siglos incólume desde que Cristo la predicara, produciendo
abundantes frutos de santidad en todos los tiempos [].
La Iglesia, ha
mantenido los rasgos esenciales y
originarios de su fundador, Cristo, pero
también ha evolucionado en la historia al
compás de los hombres. Por eso, a la hora de interpretar los hechos
hay que considerar el contexto histórico, que explica muchas
decisiones y modos de obrar (p.e. la inquisición eclesiástica,
Papas que coronaban a los emperadores, lucha por la investidura,
etc.). No hacerlo así, es pecar de anacronismo o errores de juicio
objetivo.
La Iglesia es experta en humanismo,
ha sabido interpretar las miserias humanas a la luz de la doctrina de
Cristo: ante las guerras, conferencias internacionales, la dignidad
de la persona humana, además de los principios morales de su
actuación y para juzgar con la luz de la moral los retos que la
ciencia, la cultura o la política ponen a la sociedad. Fruto de todo
ello es la Doctrina Social
de la Iglesia.
Función de la Iglesia en la Salvación
La Iglesia nace de la dinámica global de la
historia de la salvación, se habla de una fundación gradual.
Se pueden identificar cinco etapas de la Revelación del
misterio de la Iglesia: la creación, la Iglesia es
prefigurada desde el origen del mundo; el pacto inicial con
Adán y Eva, Dios no nos abandonó tras el pecado original; el
pacto de Dios con Israel, preparación de la alianza
nueva; la nueva alianza, Cristo constituye la Iglesia hasta el
final de los tiempos; Pentecostés, congregar a todos los
justos en el final de los tiempos
Con la creación Dios hace participar
al hombre en su vida divina, la adhesión al pacto es
voluntaria. San Pablo manifiesta una conciencia de Iglesia con
unos rasgos determinantes: Es el pueblo de
Dios universal; para
pertenecer hay que tener fe en Jesús Hijo de Dios (bautizarse
y participar en la Eucaristía);
es el Cuerpo de Cristo, es una nueva realidad cuya
cabeza es Cristo y los fieles sus miembros; la presencia
del Espíritu Santo, es el agente de unión entre cabeza y
cuerpo. Otro rasgo importante es su carácter trascendente y
su relación con el mundo es por la pertenencia a él.
La Iglesia no fue constituida por Jesús como
simple comunidad de discípulos, la constituyó como misterio
salvífico. Es por lo que el Señor Jesús debe ser creído y
reconocido como fundador y fundamento de la Iglesia.
La Iglesia es una, santa, católica y
apostólica. Es una porque aunque la Iglesia se expande en
el tiempo y espacio permanece idéntica a sí misma: mantiene una
única fe; un único bautismo y Eucaristía: mantiene una comunión
de vida entre los creyentes. Es santa por estar ligada a la
Santísima Trinidad y al plan salvífico de Dios. Esta santidad tiene
una perspectiva objetiva por la presencia de Cristo en ella y una
perspectiva subjetiva por la santidad de sus miembros, es la llamada
santidad moral, hay una tensión entre sus miembros entre santidad y
pecado. Es católica por estar abierta a todos los hombres a
los que predica el evangelio. Es apostólica por estar fundada
sobre los Doce apóstoles. La Iglesia es indefectible e infalible
ya que no puede equivocarse al creer en la doctrina de Cristo
y por lo tanto el colegio de obispos no puede equivocarse en la
enseñanza.
La auténtica Iglesia de Cristo subsiste en la
Iglesia católica. Hay otras Iglesias y comunidades eclesiales,
que conservan elementos eclesiales de la Iglesia de Cristo, pero
mantienen una comunión imperfecta con el Pueblo de Dios y
mantienen formas incompletas e imperfectas de verdad y santidad. La
iglesia ortodoxa es una Iglesia particular, conserva el episcopado y
la Eucaristía válidos, pero le falta aceptar el primado del Papa.
Las iglesias de la Reforma son comunidades eclesiales que conservan
el bautismo válido pero no el episcopado y sustancia eucarística.
Reflexión:
→ Cuando hablamos de Iglesia nos podemos referir
a:
Un edificio o local donde se
celebra la Eucaristía
Una comunidad de creyentes
unidos por el bautismo
Una estructura jerárquica
→ La Iglesia, como comunidad de creyentes, es
una comunidad humana con un sentido especial. Sus diferencias
son:
La Iglesia no nace de la voluntad
asociativa de sus miembros, es fruto de una convocación
divina acogida en la fe.
La Iglesia es una comunidad en
tanto en cuanto vive históricamente y expresa en formas visibles de
comportamiento una comunión sobrenatural.
La comunidad
eclesial, visible, con sus funciones varias, sólo tiene
sentido en cuanto signo de la comunión sobrenatural en Cristo y en
su Espíritu.
Notas: